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Despues de un día gris y nublado, y de un atardecer oscuro y violáceo, llegó la noche. Una noche templada y extraña. Nada más ponerse el sol, todo el ambiente se llenó de millones de gotas de agua suspendidas en el aire, moviéndose lentamente sobre las tenues rachas de viento, descendiendo en silencio. Las luces de las farolas las iluminaban haciéndolas parecer pequeños copos de nieve o aguanieve. Al ver todo mojado y goteante y al sentir con fuerza el olor a tierra mojada, imaginé los bosques, humedeciéndose, brotando del suelo empapado miles de setas renazidas como joyas.
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